
Las cicatrices son nuestros acompañantes constantes, son la evidencia de la unicidad de los seres que poblamos el Universo. Las pruebas físicas de la autenticidad de los individuos, de sus experiencias, vivencias y lecciones aprendidas.
Al inicio de diciembre de 2008 tuve lo que llamo la depresión pre-navideña, la cual inició después del año 1996. Todos los años la tengo y al llegar al día de Navidad y Año Nuevo me siento revolcado por un tropel de individuos abalanzándose ciegamente a comprar la vida que pagarán con el dinero que ganen el próximo año.

Este año no fue como los demás. Este año me topé con personas que me hicieron notar que en cada momento nos toca elegir, "Every moment is a choice" (Patch Adams), "Todo está en la actitud" (Diego, terapias grupales de DBA). Frases que he escuchado hasta el cansancio, pero que esta vez las frecuencias sonoras se sincronizaron con mis propias frecuencias e hicieron la gran diferencia.
En el año 1996 apareció una cicatriz, pasamos por una fuerte crisis económica en mi familia y en esa Navidad nos tuvimos que abstener de regalos y la cena fue muy austera. Las navidades pasadas siempre fueron llenas de obsequios, a principios de diciembre ya empezaba a pensar en mis regalos, en cuál fiesta iba a pasar el 31, planificar el viaje con los amigos a la playa, sin embargo en el año 96 todo fue diferente y se me abrieron los ojos, me atrevo a afirmar que fue la Navidad más sincera y auténticamente feliz que había pasado en mi vida. Al no tener regalos, cada uno elaboró, con su propia creatividad, una tarjeta navideña. Recuerdo que fui a cortar unas flores amarillas alargadas de pasto de un lote vacío para pegarlas en mi tarjeta.

A partir de ese año la situación económica mejoró mucho, volvieron los regalos y la degustación de las siguientes navidades resultaba insípida y vacía.
Este año decidí probar suerte y le di un giro a mi actitud. En algún lugar leí que un buen ejercicio para fortalecer los lazos afectivos era decir tres cumplidos a tres personas cada día, así que decidí implementarlo en las fiestas del año 2008. El primer día del año 2009 nos reunimos en familia y cada uno dijo tres cualidades de un miembro de la familia. Todos experimentamos sentimientos similares, como: “¿de quién está hablando?” cuando se dirigían a uno, también la sensación de que cada cualidad está ligada a la otra, lo que evidencia nuestra unicidad y me di cuenta que lo que se mencionó se realiza de manera inconciente y desinteresada, simplemente son reflejos automáticos que responden a los estímulos externos, pero que a la vez son aprendidos. Este inicio de año aprendí que cada cualidad es el efecto secundario de una cicatriz.